Isidro Fainé. /Foto: ramblalibre.com.

Enrique de Diego.

La audiencia de Rambla Libre no hace otra cosa que subir. Dato muy alentador respecto a la vitalidad del patriotismo español, del que Rambla Libre pretende y va camino de convertirse en referencia imprescindible. Rememoro un almuerzo en Intereconomía con Isidro Fainé, entonces al frente de La Caixa y que sigue siendo quien manda en esa entidad española. Porque ya va siendo hora de que demuestre que es española. Se ha acabado el tiempo de las medias tintas. Y lo mismo vale para el Banco Sabadell al que se le ha entregado el ingente patrimonio inmobiliario de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, labrado en siglo y medio, ¡por un euro! para que Josep Oliu se siga moviendo en las terrenas movedizas de la tibieza.

Adulación nauseabunda de Antonio Jiménez

Rememoro un almuerzo, hace siete años, con Isidro Fainé, con veinte comensales, periodistas de Intereconomía. Entre gamba roya y percebes, Fainé narró algunas vivencias personales edificantes. Un hombre hecho a sí mismo, cuyos padres, payeses catalanes, eran analfabetos y él les enseñó a leer. Fuera de eso, el coloquio resultaba vomitivo, a pesar de la nécora y la quisquilla, por la abyecta adulación de los lacayos. Destacaba en ese nauseabundo oficio cortesano, Antonio Jiménez, hoy cuestionado en 13 TV, quien adulaba a Fainé sin límite ni vergüenza ad nauseam.

Fainé insistía en la necesidad de respetar la “identidad catalana“. Y nadie decía nada y Antonio Jiménez adulaba y adulaba como una verdulera de mercadillo. Harto, tomé la palabra. Dije que los catalanes demostraban ser gente sensible, cuya burguesía había permitido hacer maravilla a artistas como Gaudí, y que Barcelona me parecía una de las ciudades más bonitas de España y del mundo. Sin embargo, los demás -los patriotas españoles- éramos también personas sensibles, que estábamos cansados de recibir continuas ofensas, de que silbaran nuestra himno, de que quemaran nuestra bandera y de que nos insultaran.

Ahora, los patriotas españoles, estamos hartos de que el empresariado catalán no dé la cara -con honrosas excepciones, como el propietario de Freixenet o el de Natur House, que ha trasladado su sede a Madrid- o apoye abiertamente al separatismo, como sucede con los de Cola Cao, Codorniú y Casa Tarradellas. Hace poco, la garrula cortesana de Pilar Rahola se ufanaba de que España no podría sobrevivir económicamente sin la Cataluña separatista, que pondría aranceles a los productos en tránsito hacia Europa de Murcia y Valencia, a la que quieren invadir con sus apestosos países catalanes. Pues quienes les podemos hundir y les hundiremos, si el Gobierno esconde su debilidad bajo ese concepto de “proporcionalidad” somos los patriotas españoles.

Ninguna de los dos instituciones financieras catalanas podrían sobrevivir en una Cataluña separada. Fuera del euro serían inviables. Los ahorros de esos dos bancos dejarían de estar protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos. El Banco de Sabadell ha venido recibiendo cuantiosos fondos del contribuyente español para su pelotazo de absorber la Caja de Ahorros del Mediterráneo y el Banco de Valencia por un euro. El coste de la CAM ha sido de 15.809 millones de euros, que tendría que devolver.

Tanto Caixabank como el Banco de Sabadell tienen el grueso de su negocio en el resto de España, siendo los patriotas españoles mayoría en Cataluña (los separatistas catalanes han estado financiando una especie de invasión marroquí para que se sumen a sus tesis como nous catalans). La exposición crediticia en Cataluña de Caixabank es del 32%; la del Banco de Sabadell, del 31%. El viernes las acciones del Banco de Sabadell sufrieron un descenso del 3,63%, por la inseguridad jurídica generada por el miserable Carles Puigdemont -ya habla de otra “realidad jurídica” el payaso con ínfulas de autócrata- y el choque institucional en marcha.

Bastaría que los patriotas españoles -entre ellos, los valencianos y baleares amenazadas por el odio imperialista de estos mequetrefes separatistas- sacáramos en masa (como bastaría dejar de consumir Cola Cao, beber Codorniú o dar la espalda a los productos de Casa Tarradellas) nuestros ahorros de esas dos instituciones financieras para que se vinieran abajo.

Los separatistas están jugando con fuego y se van a quemar.

 


Source: Ramba Libre

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