Diego Pappalardo. Director de Consultora Universum.

El ingreso de Brett Michael Kavanaugh como miembro vitalicio del Tribunal Supremo de EE.UU es un triunfo categórico  de la colusión estratégica entre Donald Trump, el sionismo y las élites nacionales no globalistas en la guerra manifiesta y constante que se da entre grupos de poder señeros  en pos del control, la gestión y la usufructuación de activos, zonas de influencia y mercados.

Es la colisión entre esos intereses políticos, financieros, económicos  y culturales, significativamente elitistas, la que puso a Kavanaugh en el centro de la polémica de repercusión mundial, y no tanto la veracidad y la justicia del hecho personal pretérito que habría, de acuerdo a sus denunciantes, protagonizado junto a la Profesora Christine Blasey Ford.
En el renombrado Blaseygate, cada facción y factor de poder y de influencia tomaron partido por uno u otro de los involucrados. Como muestra de lo  expresado precedentemente, es destacable que Kavanaugh, además de estar políticamente alineado con Donald Trump y el Partido Republicano, aunque no todos los republicanos lo sostengan, está ensamblándose con firmeza en el poderoso movimiento Jabad Lubavitch y en la Organización Sionista Americana, contando con sus apoyos respectivos para ser miembro de la Corte, mientras que Christine Blasey Ford está incluida en la zona de Soros y es secundada por Obama, Clinton, Jonathan Greenblatt y sus huestes de la Liga Antidifamación, la orden religiosa de los Jesuitas en los Estados Unidos  y por todo el club de la camarilla globalista.
La presencia de Kavanaugh en la Corte Suprema, significará para el campo anti sorosiano precipitar el gran salto para continuar con la meta de la apropiación de la dirección de esa institución para reformatear el aparato judicial federal y consumar la expulsión de su competidor globalista del mando. Pero es importante destacar que todavía estamos lejos de la conclusión de esa batalla puntual e indispensable porque pese a la serie de reveses que, dentro y fuera de los Estados Unidos, padece el contradictor globalista, éste se yergue con dureza y previene que no será sencillo demolerle.
El rol de Kavanaugh como juez supremo, aparte de alimentar la pensada y factible tenencia de la gestión de la Corte Suprema por parte de los clanes que entornan y amparan al Proyecto Trump, contribuirá en restringir los riesgos de un impeachment contra el inquilino de la Casa Blanca para que éste pueda seguir en el desmantelamiento del sistema globalista en los Estados Unidos, operatoria que se verá reforzada con la victoriosa ola, mal etiquetada como roja porque fundamentalmente es trumpiana, en las elecciones de medio término de Noviembre de 2018, en las que Trump, el multimillonario sionista Adelson, los bannonistas y Los Deplorables ansían lograr la hegemonía política para estabilizar el Proyecto Trump durante 2019 y consolidarlo después de 2020.

 

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Source: Ramba Libre

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