Mike Sala.

El historiador romano Cayo Salustio Crispo (86 a. C. – 34 a. C.) citó en una ocasión: “Solo unos pocos prefieren la Libertad. La mayoría de los hombres no busca más que buenos amos”.

Hay cosas que nunca cambian, y esta frase, dicha hace más de veinte siglos, no ha dejado de ser actual un solo día desde entonces… ni un solo día antes de ser dicha desde el inicio de la civilización.

En muchas ocasiones tenemos la tendencia a culpar a dictadores, tiranos, políticos supuestamente demócratas con mayorías absolutas, coaliciones creadas para conseguir un gobierno… por restringir nuestras libertades; pero ¿no somos nosotros también culpables por vender nuestra propia libertad por un poco de seguridad, por no tener que hacer frente a más responsabilidades, o simplemente por no enfrentarnos al poder establecido?

Los gobernantes, y las élites que les dirigen para gobernarnos a todos, conocen sobradamente las debilidades y comportamientos de la sociedad. Tienen experiencia de muchos siglos en eso. Ellos saben que condicionar a los individuos para que éstos no se planteen ejercer sus derechos a base de asumir responsabilidades es un método que funciona. Los gobernantes saben que los individuos, cuando son menos inteligentes, menos formados, menos ricos y menos emprendedores, son mucho más fáciles de dirigir y de ser usados para el beneficio de unos pocos.

Hace ya muchas décadas que la política es sinónimo de enfrentamiento permanente. En España, pero también en cualquier otro país, el panorama político diario lo forma una escasa minoría de propuestas útiles para los ciudadanos (y en muchas ocasiones existe una ausencia total de tales propuestas) y una gran mayoría del ingrediente principal consistente en la búsqueda de la contención, y por tanto en la falta total de entendimiento, entre las diferentes opciones políticas y sociales que conforman la vida de cada país. Nunca antes en la historia el “divide y vencerás” fue tan absolutamente presente y cotidiano en nuestras vidas. Y los gobernantes, y las élites por encima de ellos, son muy conscientes de que cuando los individuos están cegados en destruir, son incapaces de construir. Precisamente por esto ya no existe casi ningún político de “raza”, culto, preparado y comprometido con ciertos valores. Lo que nos presentan en los últimos tiempos es un perfil de político corrupto, inculto, falsario e hipócrita.

Al ser humano común le asusta la Libertad, en parte porque, en unos países más que en otros, ha sido condicionado desde su nacimiento para que crea que existe un ente supremo, benévolo y obsequioso, llamado Estado, que cuidará de él y le facilitará la vida hasta, en no pocos casos, hacer de ese mismo ser humano un ser de poca iniciativa, de aún menos criterio propio, y de una obediencia a tal o cual color político (que nos es más que una parte del sistema) que le llevará una y otra vez a votarle, sin importar los resultados de la gestión que esa opción política haya podido hacer. Por tanto, el propio individuo que asume esas limitaciones impuestas, asume también que el Estado cuidará de el y le proveerá en todo lo necesario. Será un individuo parásito y subvencionado.

Cuando toda una sociedad está abducida por esa gran comedia liberticida que los gobernantes ponen ante la ciudadanía, las escasas opciones políticas y sociales que claman en favor de la libertad, la responsabilidad y el mérito personal, pueden ser más fácilmente tachadas de “antisociales”, “insolidarias” e incluso de “fascistas”. En algunos casos, quien así se expresa no es más que un estúpido que basa su preparación y cultura en consignas de barricada, en televisión basura, y en una ignorancia grande como un océano. Pero también hay quienes descalifican a quienes defendemos la libertad porque saben muy bien que un individuo que trata de ser libre no quiere pertenecer a ninguna tribu subvencionada por ningún poder.

Frente a la búsqueda de la libertad y la independencia, el mayor obstáculo suele ser el miedo. Miedo a la responsabilidad. Miedo al compromiso. Miedo a perder seguridad y comodidad. Por poner un ejemplo claro, yo he encontrado muy poca gente en Europa dispuesta a que el Estado le quite el 10% – 20% de sus ingresos y ellos mismos inviertan su propio dinero en seguros médicos y otras coberturas. La gran mayoría prefieren que la gran maquinaria estatal siga robándoles legalmente el 40-50% de sus ganancias mensuales (además de los impuestos indirectos al consumo) a cambio de que cada uno pueda hacer uso y abuso de unos servicios públicos deficitarios en su mayoría, precisamente porque buena parte de lo recaudado no se invierte en la ciudadanía, sino que se pierde en la gran corrupción. En resumen; la mayoría prefiere ser saqueada, a cambio de no ser importunada.

¿Cómo podríamos comenzar a enseñar el ideario de la Libertad? Seguramente el mejor modo de hacerlo es hacer pedagogía sin dogmatismo. Pedagogía que compare las causas y las consecuencias de la falta de libertades frente al progreso que la presencia de libertad puede garantizar a una sociedad.

Libertad.org, en colaboración con la Fundación Vernon K. Krieble, propone una iniciativa llamada “Cristal de la Libertad”, en la que una serie de audios de un minuto de duración cada uno invitan a reflexionar sobre la Libertad y la responsabilidad que ella conlleva, y lo apropiado que sería que las nuevas generaciones dedicasen algo de su tiempo a reflexionar sobre las cuestiones que se proponen en dichos audios. Aunque tal iniciativa está dirigida a norteamericanos de habla hispana, bien podríamos tomar ejemplo de este modo de hacer y contribuir en nuestras naciones.

Escuchar audios en Cristal de la Libertad

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” – Don Quijote de la Mancha. Capítulo LVIII. – Miguel de Cervantes.

La entrada El miedo a la libertad se publicó primero en Rambla Libre.


Source: Ramba Libre

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