Enrique de Diego.

Cada 11-M, como si llegara una bandada de estorninos, gentes por lo general sensatas se desfondan en la irracionalidad conspiranoica. Personas con aparente criterio, de pronto se muestran como gnósticos irracionales. Quienes se adhieren con más firmeza a los principios morales y rechazan la mentira, adoptan una posición sectaria y mostrenca aventando las mentiras oficiales de unos cuantos manipuladores de la derecha pagana.

Repiten y repiten, cada año, como en una ceremonia satánica, puesto que satanás es el padre de la mentira, y la conspiranoia me parece de intensa impronta satanista, las mismas falsedades, incapaces de escuchar la verdad de los hechos. Repiten y repiten groseras mil veces desmentidas y aclaradas como que no se hicieron autopsias a los suicidas de Leganés, que no se conoce el explosivo utilizado o simples estupideces como que se retiraron los trenes de las vías y se destruyeron, por orden del Gobierno del PP, tras haber sido exhaustivamente registrados.

Trato de comprender, y no lo consigo, esta histeria elemental falsaria, en gentes, por lo general, sensatas, en apariencia. Intento hacer inteligible este dispendio de estupidez en cada aniversario de la masacre por personas patrióticas. No acabo de asumir que quienes más sensibles se muestran a los peligros de la islamización, cada 11-M utilicen mantras absurdos y sectarios como la versión oficial y pretendan exculpar a Jamal Zougam de sus ominosos crímenes.

Me resulta difícil explicarme las razones que llevan a una parte de la derecha social, y aún de la política, a mostrarse irracional y garrula en niveles extremos, cayendo en el descrédito. Por supuesto, está el gregarismo degradante por el que, al parecer, se supone que ser de derechas es negar las evidencias, cerrar los ojos a los hechos y mostrarse en una situación de completa imbecilidad, sin capacidad para escuchar ni para entender.

En los inicios de esta patente infamia de la conspiranoia se estableció un abuso del poder de la influencia, una tiranía mediática por la que personajes insustanciales como Pedro J Ramírez y Federico Jiménez Losantos dominaban los principales medios de “derechas” y bastantes se plegaron a rendirles pleitesía para tener, como contraprestación, relevancia pública. Pero han pasado 15 años y tanto Ramírez como Losantos marchan hacia la irrelevancia y la quiebra. Ese factor de doble moral ha de estar, por fuerza, muy mitigado. Hay quien me intenta hacer ver que hay gente que se ha quedado colgada, pero ¿quince años colgada? ¿quince años haciendo el ridículo? ¿quince años mintiendo? ¿quince años repitiendo falsedades? ¿quince años con esa estulta monserga de queremos saber la verdad que es traducible por queremos vivir en la mentira? Son demasiados años. Y, a santo de qué, cuando son las mismas personas partidarias de cerrar las mezquitas radicales. Resulta incomprensible esta psicosis paranoica que se supone que es precisa, cada 11 de marzo, para tener el sentido de pertenencia de ser de derechas.

Quince años sin nada que sostenga la patraña son muchos años. No hace mella en esos hooligans de la mentira la evolución ideológica del padre de la chorrada, Pedro J Ramírez, ahora manifiestamente alineado con la ideología de género, la inmigración invasiva, el multiculturalismo y el globalismo. Es como la inercia de quienes pudiendo oír no escuchan, una instalación en la idiocia, que cada 11-M descarga como una tormenta, para desaparecer al día siguiente y no saberse nada hasta el próximo año.

Y no son sólo gente acomplejada escondida detrás de un Nick anónimo. Este año el PP se ha sumado a la idiocia militante conspiranoica de Vox, e  incluso la ha superado, como si fuera de buen tono para ser de derechas hacer competiciones en la mentira oficial conspiranoica. Hete aquí que Pablo Casado se ha despeñado pidiendo que “se desclasifique cualquier información sobre el 11-M”, haciéndole la ola, se supone, a Villarejo, para que “se llegue a la verdad si alguien la oculta o intenta mercadear con ella” para “resarcir a las víctimas del terrorismo que lo están pasando mal”. Y este lenguaje de insidia insustancial, carente de toda consistencia, impropia de un dirigente político responsable, la evacúa el líder de un partido que estaba al frente de la nación en el momento de la masacre y culminó en el período de transición la investigación. Quizás Casado no se ha enterado de estas obviedades y a quienes tendría que ir a preguntar es a personas como José María Aznar, Eduardo Zaplana, Ángel Acebes o Francisco Álvarez Cascos.

Maite Araluce, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, benemérita en tantas cuestiones, no tiene empacho en mostrar una completa falta de rigor y de capacidad de juicio para espetar que “para nosotros el 11 M sigue siendo un caso abierto”, lo cual es una soberana estulticia que no hay por donde cogerla, y añade como un ritornello que “las víctimas tienen que saber toda la verdad” y tener “memoria, dignidad y justicia”. Las víctimas del 11 M lo que quieren es que las dejen en paz y las respeten y resulta que quien agrede a su memoria, dignidad y justicia es la presidenta de la AVT.

Al lado de estas patochadas, excrecencias de indignidad, exuberantes agresiones a la inteligencia, la recurrente insidia de Santiago Abascal es menos indigesta: “quince años después, todavía queremos seguir sabiendo toda la verdad”. Quien años después, Santiago Abascal continúa diciendo la misma tontería vacua.

¿Por qué, entonces, los que se presentan como los buenos, con los ropajes de los principios, cada 11 M se desfondan irracionales, insidiosos y falaces? La única respuesta que viene a mi mente es la máxima escolástica de que corruptio optimi pessima, la corrupción de lo bueno, es lo peor. Ese delirio ridículo de la conspiranoia fue una de las claves para que Zapatero repitiera en una segunda legislatura nefasta y ahora se han dado armas a Pedro Sánchez. Hay algo satánico en esta imbecilidad militante que cada 11 M deja en el más pavoroso ridículo a parte de la derecha social. Y por eso anda por ahí con fuerza la maldición del 11 M contra los conspiranoicos, porque satanás primero te miente, ofreciéndote el poder, y luego te destruye.

La entrada Corruptio optimi pessima se publicó primero en Rambla Libre.


Source: Ramba Libre

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