Yrene de Callais.

Estoy loca de contento porque al fin el señor Zaplana podrá contarnos dónde tiene todos sus dineros, ya sé que lo que voy a decir suena duro, pero la jueza tenía más que dudas razonables de no dejarlo salir. Cada visita de próximos o familiares, Zaplana, con una mano apretando sus millones como si eso le fuera a devolver la vida, no quería dejarlos perder, al fin y al cabo, era el esfuerzo de toda una vida dedicada a la causa de enriquecerse -ya lo dijo en las cintas de Naseiro, en las conversaciones con su amigo Salvador Palop– y para qué engañarnos, un acervo hereditario que aseguraba el futuro de sus descendientes.

Al final, se impuso la razón y alguien ha cantado. Este personaje abyecto provoca en mí los más encontrados sentimientos. Lo recuerdo el día de mi boda o el día del bautizo de mi hijo, acompañado de su encantadora esposa, Rosa, que es lo único digno que ha tenido en toda su vida. También me lleva a recuerdos de una tarde en la Plaza de Toros de Alicante, cuando lo conocí y como se cruzaron nuestras miradas, con desconfianza y en el caso de él, me miró con cierta socarronería. ¡Que pobre diablo!, pensé para mis adentros, no tiene nada en su interior. Es el típico tonto, enfermo de avaricia y de ansia de poder. Y el tiempo me ha dado la razón. También lo recuerdo arrastrándose como un gusano, implorando la caridad y la benevolencia de un periodista, que lo salvara de su cachorro de Naseiro que le perseguía y se había convertido en un escollo insuperable en su camino hacia la presidencia de la Generalitat.

No pasaron muchas lunas desde esa escena, que yo entonces una chica de veintipocos años, miraba atónita, a venir a arrebatarle a ese probo y buen hombre que le había ayudado, acompañado de sus esbirros y sus matones mafiosos, su profesión, su dignidad y querer hacer volar incluso su propia familia, pero qué se podía esperar de semejante individuo, un hombre que no ha respetado nunca a las mujeres. Un partido donde la carrera política de las mujeres ha estado ligada a los favores sexuales, incluso en la actualidad, y esto no lo digo yo, esto es vox populi, incluso una política del propio partido se pronunció en los términos de que el PP para hacer carrera las mujeres tenían que quitarse las bragas. Y ahí están llenas las instituciones públicas de amantes, hijos fuera del matrimonio, y demás oscuras parentelas. Un clientelismo sin límite, una nomenklatura peor y más férrea que la de cualquier gobierno autocrático, y es que en el PP personajes como Eduardo Zaplana no favorecieron jamás ni la democracia interna, ni la autocrítica, sino todo lo contrario, había que imitar al jefe, al demente de Aznar, que sólo se movía a golpe de adulación y con litros de coca cola, porque si no la depresión lo tenía postrado, inactivo, en su mesa de despacho. Un individuo que jamás suscitó alegría entre los votantes y que llegó al poder tras muchos y fallidos intentos, que en cualquier partido de un país con tradición democrática al primer fracaso electoral hubiera cuestionado su liderazo. Y es que Aznar es un perdedor, no nos equivoquemos, es un taimado y un mediocre, y como tal se rodeó de gente mucho más mediocre que él aún. Y ahora tiene a un chiquito al que le han regalado la carrera y que no sabe hacer la o con una canuto, y que yo pensé que se podía colocar de recepcionista en el Hotel Huerto del Cura, pero me he enterado que acaba de ser vendido a un empresario que lo sepa gestionar bien, porque aquello era un nido de víboras familiares, al borde de la ruina.

Pero Aznar le tiene preparado un retiro con la gestión de fondos buitre donde ha colocado a todos sus hijos grises y faltos de capacidad de trabajo. Aznar se pavonea diciendo que ha sido él quien ha sacado a Zaplana de la cárcel, pero lo cierto es que el gobierno PP de Aznar ha sido el periodo de la historia de España más terrible y más depredador. Nadie puede creerse ya las mentiras, de que la economía despegó o de que creó puestos de trabajo. El Gobierno Aznar lo destruyó todo. Muchas grandes empresas fueron vendidas por cuatro perras a los extranjeros, con lo que eso conlleva de pérdida de soberanía. Como es un pobre hombre, sin voluntad, dejó hundir la agricultura española. Al tiempo que los empresarios compraban en Senegal y en el Magreb extensiones de terrenos para suministrar frutas y verduras, a la que había sido una potencia agrícola. Dónde se ha visto una situación tan descabellada, si incluso los Estados Unidos nunca han cedido en sus esquemas de producción agrícola, ni siquiera en los periodos más dificultosos de guerras.

Aznar trajo un contingente de población de la mano de su amiguito Zaplana, como ministro de Trabajo, que les dio la paga a todos, trabajaran o no, lo que ha ayudado a hundir el Estado de bienestar. Me informa un amigo médico que en los hospitales españoles la sarna prolifera, porque no hay medidas de cuarentena de la población entrante. En fin, nos llevaría mucho tiempo analizar todo esto, pero en el caso de Eduardo está clarísimo: hundió el Banco de Valencia, hundió las cajas de ahorro, con créditos impagados, hundió el tejido empresarial, cualquier imbécil que lo adulaba y que formaba parte de su mafia, recibía créditos ilimitados, tierras a bajo precio, se recalificó a merced de los alcaldes de su formación política, hundió el mercado inmobiliario, nunca tuvo en cuenta ni el sacrificio ni el esfuerzo de la gente honrada, había que saquear todo lo que tuviera beneficios para ellos y ahora me quiere usted decir que nunca cobró nada, que todo lo hizo por amor al arte, usted que años antes había manifestado que iba a la política para forrarse.

Bienvenido a la realidad, Mr Zaplana. Y ahora cuéntenos donde tiene todo lo que pilló crudo y cuántos y quiénes fueron sus compinches. Cante, porque hay espectadoras, como yo, que sabíamos que al que a hierro mata a hierro muere.

La entrada Bienvenido, Mr Zaplana se publicó primero en Rambla Libre.


Source: Ramba Libre

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